Tomahawk, un corte para meatlovers

Tomahawk CARNIco (2)

Espectacular y delicioso. Hoy te presentamos el que, probablemente, es el corte de carne de vacuno más llamativo y elegante, a la par que sabroso: el Tomahawk. Una vistosa presentación de origen norteamericano que comienza a ser cada vez más habitual por estos pagos ante el empuje de los #meatlovers.

Se trata de una chuleta de lomo alto que exhibe buena parte del hueso de la costilla desnudo, lo que se conoce como corte francés, ya que ha sido desprovisto de grasa y la carne que se mantiene es el corazón de la chuleta. Suele tener unos 5 centímetros de ancho y pesar entre un kilo y kilo y medio, por lo que resulta ideal para compartir dos personas.

Su forma recuerda a la de un hacha de ahí que haya sido bautizado con el nombre del arma empleada por los indios norteamericanos y popularizada por las películas del Fart West. Con alguna variación de grosor y dimensiones se asemeja a otro corte conocido como cowboy steak.

Tomahawk de Dehesa La Finca

CARNIco comercializa el Toma-Hawk de Dehesa La Finca de vacuno mayor, de la Finca de Jiménez Barbero (la carne de la felicidad). Procede de vacas de entre 6 y 8 años de la raza simmental, originaria de Suiza, alimentadas con pastos, forrajes, cereales y ensilajes. Han sido criadas en la finca de Calzada de Oropesa, en la madrileña Sierra de Guadarrama, donde mantienen la esencia y los recursos de la dehesa que, junto a una cuidada selección de la raza, una alimentación rica en oleico y un método de cría único, da como resultado una carne sabrosa y nutritiva.

Vacas simmental en la Finca Oropesa

 

ENTRE 4 Y 5 SEMANAS DE MADURACIÓN

Son piezas con un peso aproximado de 1,6 kilogramos que llegan al cliente con una maduración de entre 4 y 5 semanas, lo que contribuye a una mayor ternura y a intensificar su sabor. Es un corte muy jugoso debido a la cantidad de grasa infiltrada que tiene, que hace que combine a la perfección con el carbón de la parrilla para darle un sabor único a ningún otro corte. La plancha es otra buena alternativa, si bien hay quien opta por hacerlo al horno, para lo que se recomienda sellarlo previamente con el fin de que conserve sus jugos en el interior.

Tras pasar por la barbacoa, y una vez en su punto, la verdad es que su atractivo resulta tan irresistible que las reglas de urbanidad pasan a un segundo plano y entran ganas de coger el Tomahawk por el hueso y, lejos de blandirlo, devorarlo sin miramientos a dentelladas con la única ayuda de las manos al estilo de Obélix engullendo jabalíes en alguna de las viñetas salidas de la imaginación de Uderzo y Goscinny en el mítico comic “Astérix”.

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